Autor: Ariadna Detrell
La gestión de la innovación en las empresas, en los países avanzados, se está transformando del modelo tradicional de innovación integrada (o cerrada) a un nuevo paradigma: la innovación abierta (open innovation).
A diferencia del modelo de innovación integrada, en el que la empresa realiza el proceso de investigación y desarrollo a nivel interno, dentro de sus límites (figura 1), en el modelo abierto, los nuevos productos provienen tanto de fuentes internas como externas, y éstas pueden incorporarse al proceso de innovación en cualquiera de las etapas de creación del nuevo producto, desde la generación de ideas hasta el desarrollo del mismo para su entrada en el mercado (figura 2).
En esta nueva visión, la innovación no está restringida a la creación de productos o de procesos, sino también al propio modelo de negocio de la empresa, y está basada en la experimentación y en la colaboración entre empresas, universidades, centros de investigación, sector público y los propios clientes.
No se trata de entender la innovación con la visión puramente técnica que se ha mantenido casi intacta desde la revolución industrial y que la limitaba a una actividad casi exclusiva de los departamentos de I+D de las empresas. Ahora, la innovación surge de la intersección entre la tecnología y las necesidades del mercado y la convergencia de estas dos fuerzas, negocio y tecnología, da lugar a un proceso creador.
Si centramos esta reflexión en la innovación en el sector textil, en el European Trendchart on Innovation del año 2005, puede observarse cómo la industria textil tiene un bajo nivel de rendimiento de la innovación (figura 3). Es el tercer valor más bajo, muy alejado de otros sectores industriales, como el eléctrico o las TIC, que ocupan los primeros puestos. El parámetro utilizado para cuantificar el rendimiento de la innovación en cada sector es el Índice de Innovación Sectorial, un indicador compuesto utilizando 12 criterios.
Actualmente, la aparición de nuevos tipos de fibras con diferentes características, de nuevas tecnologías de proceso para la manufactura de hilos y tejidos, las nuevas técnicas para la modificación superficial de los textiles, y también de nuevas posibilidades de la ingeniería para la elaboración de productos textiles complejos abren tanto oportunidades para crear nuevos mercados en los bienes de consumo como para aplicaciones industriales y técnicas.
Las actividades de innovación, que exploran nuevos campos prometedores para la industria textil en Europa, entran en contacto con sectores industriales no-textiles, incrementando el establecimiento de redes intersectoriales y fronterizas, no tanto regionales por proximidad geográfica y cultural, sino por vinculaciones muy directas e interdisciplinarias con las empresas del área de aplicación a la que sirven sus productos.
Esta necesidad de innovación en redes implica a empresas de todos los tamaños, incluyendo las empresas puras de I+D y de ingeniería, así como los establecimientos públicos de investigación y de formación.
Los clusters (“concentración de empresas relacionadas entre sí, en una zona geográfica relativamente definida, que comparten retos estratégicos, proveedores especializados, empresas de servicios e instituciones asociadas” The Competitive Advantage of Nations, Michael Porter), son una de las herramientas fundamentales para una colaboración abierta para el desarrollo de la innovación en las redes intersectoriales.
Los clusters, a diferencia de las tradicionales agrupaciones gremiales de empresas que comparten una misma tecnología o procesan un mismo tipo de materia primera, presentan una serie de ventajas tanto para el territorio como para las empresas que lo forman:
Los clusters son una herramienta fundamental creada, expresamente, para el desarrollo de la innovación.
El cluster es el lugar de encuentro apropiado donde las empresas pueden armonizar sus intereses en la búsqueda de oportunidades y alcanzar un máximo aprovechamiento de todos sus recursos aplicados al área de la innovación.
La empresa que se incorpora a un cluster pasa a ser un claro aliado de todas las demás en la búsqueda de valor empresarial, sumando esfuerzos para alcanzar objetivos comunes.
A nivel europeo, hace unos años que se están promoviendo políticas de clusters, priorizando la incentivación a las agrupaciones frente a la empresa individual.
Un caso de éxito en política de clusters es el francés. En el año 2004 se desarrolló en Francia una nueva política industrial; se identificaron los “Pôles de Compétitivité”, con el objetivo de reforzar las especializaciones de la industria francesa, crear las condiciones favorables para la aparición de nuevas actividades de gran proyección internacional y mejorar el atractivo de los diversos territorios.
El gobierno francés destinó, hasta el año 2008, 830 millones de euros al desarrollo de los “Pôles de Compétitivité”. Actualmente existen 71 polos de diversos sectores industriales; dos de estos polos son de especialidad textil, concretamente de textiles de uso técnico, uno en la región de Nord-Pas de Calais (Up-Tex) y otro en Rhône-Alpes (Techtera).
En España, las políticas de clusters se iniciaron a nivel autonómico, siendo el País Vasco y Catalunya las comunidades pioneras. En el caso de Catalunya, una de las actuaciones que ha desarrollado el gobierno catalán es el mapa de los sistemas productivos locales, dónde se identifican los microclusters catalanes.
Dentro del sector textil se identificaron nueve microclusters, siguiendo criterios de especialización dentro de la cadena de valor del sector textil. Si bien es cierto que en algunas comarcas, la especialización en una determinada actividad textil se sigue manteniendo, como por ejemplo el género de punto en el Anoia o en el Maresme, en otros casos, como la tradicional especialización en hilatura y tejeduría de lana atribuida en el mapa catalán a la comarca del Vallès Occidental se ha ido diluyendo y actualmente conviven en la zona empresas de todas las especialidades textiles. En cualquier caso, la disponibilidad de una determinada tecnología ha dejado de ser un criterio de afinidad entre las empresas; es la orientación hacia el mercado la que determina sus posibilidades de compartir sus competencias, cualquiera que sea su posición en la cadena de valor del sector y, por tanto, la tecnología de que dispone.
A nivel nacional, no fue hasta el año 2006, que España optó por implantar una política de clusters, siguiendo la tendencia europea, de potenciar y dar soporte a nivel colectivo más que a nivel individual.
El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, publicó la orden ITC/2691/2006 con el objetivo de regular las bases, el régimen de ayudas y la gestión de soporte a las Agrupaciones Empresariales Innovadoras (AEIs), que se definen como “la combinación en un espacio geográfico o sector industrial concreto de empresas, centros de formación y unidades de investigación públicos o privados, involucrados en procesos de intercambio colaborativo, dirigidos a obtener ventajas y/o beneficios derivados de la ejecución de proyectos conjuntos de carácter innovador. Esta actividad se organizará en torno a un mercado o segmento de mercado objetivo y/o a una rama o sector científico-tecnológico de referencia. El objeto de la AEI así estructurada será alcanzar una masa crítica tal, que permita asegurar su competitividad y visibilidad internacional”.
De acuerdo con esta política de clusters, tres entidades de referencia en el ámbito de la innovación, como son el Centro Tecnológico Leitat, el Institut Industrial de Terrassa y la Fundació Cecot Innovació, fundaron la Agrupació d’Empreses Innovadores Tèxtils (AEI Tèxtils.cat) en Mayo de 2008.
La Agrupació, inscrita en el Registro Especial de Agrupaciones Empresariales Innovadoras del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, nació con la voluntad de aglutinar a todas las empresas y entidades catalanas vinculadas directa o indirectamente con el sector textil y representar un nuevo enfoque para proyectar el sector textil catalán.
Además de un entramado de empresas pertenecientes a todas las etapas de la cadena de valor del sector textil, Cataluña cuenta con una serie de entidades que dan servicio al sector como son las escuelas de ingeniería técnica de la Universitat Politècnica de Catalunya, la primera universidad de todo el Estado Español en impartir enseñanzas textiles; los centros tecnológicos e institutos de investigación; los museos textiles; los sindicatos; los ayuntamientos y las entidades gremiales y camerales, locales y comarcales que promueven el desarrollo económico del territorio.
El conjunto formado por las empresas y todas estas entidades de apoyo a su potencial innovador, conforman el llamado Cluster Textil de Cataluña y al que la AEI Tèxtils.cat (www.textils.cat) da forma jurídica. No se trata, por lo tanto, de una organización con unos nuevos objetivos, sino una adaptación a la legislación actual y, especialmente, a la filosofía y la praxis de las nuevas estructuras de entramados de organizaciones y empresas, surgidas en los países de nuestro entorno europeo.
[Mariano Tudela]
[Prof. Dr. Thomas Fischer]
[Isabel Cosme ]
[Pompeyo Fábregas-Eceiza]Noticiero Textil
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